viernes, 27 de noviembre de 2020





CV

Juan Sánchez se traslada de un lugar a otro para explorar la función de los objetos y los espacios que encuentra. Desde hace años y como mucha otra gente, ha pasado por el aro en el sentido amplio de la expresión y también vivido en grandes capitales. Nació y creció entre la huerta y el Mar Menor de Murcia, al sureste de España, donde su familia continúa trabajando la tierra y paseando junto a la costa. De pequeño jugaba con herramientas sencillas y materiales precarios, en un entorno rodeado por gorriones y limoneros.

Después de las primeras tomas de contacto construyendo pequeños objetos y hasta una cabaña con materiales encontrados en su pedanía natal, pasó por varias universidades. En Cuenca pudo emprender las primeras reorganizaciones espaciales de habitaciones situadas en varios pisos equipados con calefacción central, en Múnich descubrió que se podía salir de un país entrando a un bar, el Swabinger Sieben, para después en Cuernavaca darse cuenta de que en Europa hay un montón de cosas de allí. Continuó su aventura intercontinental hermanando València y Murcia, lo que le permitió llegar a Nueva York en misión de intercambio diplomático y postcolonial? con Bogotá.

Una vez terminada esa etapa, desayunó unas tostadas con aceite y sal y un café con leche, acción que simbólicamente fue adquirida meses después para pasar a formar parte de una conocida colección. 

Aprovechando la buena temperatura durante el invierno, construyó con material reciclado un gallinero portátil con ruedas que facilitaría el acceso de sus padres a los huevos de las gallinas. Un chalet aviar, que había de ser explicado a la responsable de cultura de la Comunidad Autónoma de la que depende el espacio donde en formato exposición individual fue mostrado al gran público. Sánchez no pudo estar más contento al recibir la enhorabuena, en el momento en que un maestro de escuela le dijo que llevaría a sus alumnos para contarles que una cosa también puede ser otra.

Acabada la muestra, las exposiciones en ferias internacionales y la relación con la última galería, pasó por algo aún más misterioso: una operación de hernia inguinal en un hospital privado, donde pudo seguir indagando sobre la función de los objetos y los espacios, o la falta de estos. Por alguna razón la sanidad pública derivó a Juan Sánchez a un centro subcontratado, aunque por suerte su madre pudo acompañarlo y todo salió bien. 

21 días después, por recomendación médica sin poder cargar peso y siendo muy cuidadoso en las relaciones sexuales, Juan Sánchez viajaba a Londres, donde ya tenía arreglado con unos amigos arquitectos, coleccionistas y dueños de la casa, el alquiler de otra habitación equipada también con calefacción central, lugar en el que gracias a la convivencia —sobre todo con una de las inquilinas— aprendería lo extremadamente delicado de la posición de los objetos en los espacios. También la importancia de los tiempos de uso de estos y en definitiva de una cierta tensión, contra la que en el mejor de los casos lo ideal es callar, empacar, y buscar otros objetos. Los mínimos posibles, por favor, y otros espacios para reorganizar al gusto. 

Tres semanas después de llegar, de algunos currículums enviados y de una entrevista donde no entendió mucho de lo que le preguntaron, pero donde respondió a todo con frases muy cortas y seguridad, encontró trabajo como técnico en una conocida fundación a la que le está especialmente agradecido. Llegó a ser el gestor del almacén principal, mientras en paralelo lo usó con fines no utilitaristas, e incluso tomó conciencia de por qué Amsterdam pertenece a un país pequeño pero significante. 

El resultado hasta la fecha está documentado en una serie de objetos, acciones y vídeos, y ha aprendido mucho inglés.